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10 cualidades que debes tener para ser madre de hombres

He encontrado en www.upsocl.com, una página que adoro, este artículo de Rita Templeton, una madre de cuatro niños, todos ellos varones, que bloguea muy francamente sobre su experiencia de la maternidad en fightingfrumpy.com.Yo, que también soy madre de sólo hombres (como dice ella), me he reído un montón leyendo este post. He retocado un  poco la traducción. Aquí os dejo con él. Espero que lo disfrutéis.

10 cualidades que debes tener para ser madre de hombres

Este artículo fue redactado por Rita Templeton, madre de sólo hombres.

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Si pudieses ver mi útero, probablemente sería azul y tendría una barba. ¿Porqué? Por que esta fábrica de bebés sólo produce niños.

Todo esto se transformó un poco en una broma cósmica: antes de dar a luz a un casa llena de niños (4, para ser exactos), era una mujer totalmente femenina. Maquillaje, exfoliación, perfume, zapatos bonitos. Zumos de fruta en lugar de vasos de whiskey. ¿Arriesgarse a romperse una uña? No gracias. ¿Bichos y gusanos? Arggggggg.

Pero ser madre de un niño, sean uno o varios, te cambia. No significa que tengas que dejar de lado tu feminidad (de hecho, probablemente sea más necesario que nunca preservar al menos un poco de ella), pero criar a alguien del sexo opuesto puede generar desafíos a los cuales simplemente te tienes que adaptar.

Así que, por si estás esperando un niño, conoces a alguien que lo está o tienes un pequeño niño que aún es no es más que un bebe, he preparado una lista de pre-requisitos que necesitarás para ser la madre de uno de ellos.

De nada.

1. Debes amar la hora del baño.

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Y por ‘hora del baño’ no me refiero a ti sentada en una bañera llena de agua con sales aromáticas, con el baño lleno de velas y una almohada inflable. Me refiero a que te debe encantar bañar a otros, porque los niños siempre necesitan hacerlo. Debes estar preparada para salpicaduras de agua, olor a perro mojado, el suelo empapado y toneladas de toallas sucias. Lo mismo cuando sean lo suficientemente mayores como para bañarse solos, excepto que ahí también tendrás como bonus un olor a perro mojado persistente después de que hayan terminado e incluso aunque el jabón desaparezca como si se lo estuviesen comiendo. A menos que te quedes en la puerta y les recuerdes veinte veces usar el jabón… ¡en todas partes!

(Post-data: No compres jabón caro.)


2. Debes pensar que los pedos son divertidos.

Gracias a Dios, nací con un gusto no muy refinado a la hora del humor, por lo que no me ha costado lidiar con este tema. Los niños creen que los pedos son divertidos, punto. Y la manera en que manejes esta situación puede determinar tu nivel de estrés. Si te ríes con ellos, todos se verán beneficiados. Si intentas que paren de reirse, sólo será peor. Sólo sé enfática para que sepan qué momentos y tiempos son apropiados para que se les salga uno (por ejemplo, absolutamente no en la parte silenciosa de la misa o cuando están comiendo en un restaurante) y no tendrás que preocuparte de nada más. Incluso si personalmente no encuentras los pedos chistosos (en cuyo caso, me pregunto porque estás leyendo esto) tienes que aprender a tolerar a quienes sí lo hacen. Por que habrá mucho de eso desde ahora en adelante.


3. Debes estar preparada para una batalla constante, CONSTANTE – con el váter.

Desde el momento en el que supe que esperaba a mi primer hijo, estaba completamente decidida a hacer una cosa: enseñarle a usar el váter correctamente. Ya sabes, dejar la tapa abajo y todo eso. Un acto de cortesía. Siempre he sido una dictadora muy preocupada de mis hijos a la hora de este tema, porque uno de mis miedos es que crezcan y se conviertan en hombres que no bajan el asiento del váter. Argggggg. Pero a pesar de mis grandes esfuerzos, siempre queda algo. Uno recuerda bajar el asiento pero no tirar de la cadena. Otro recuerda tirar de la cadena, pero no cerrar la tapa. El otro deja papel higiénico en lugares extraños, por ejemplo, colgando desde la taza o en el suelo. (¡¿Qué?!) Y todos, absolutamente todos, gotean cuando se sacuden. Estoy continuamente recordándoles que apunten bien, que tiren de la cadena, que bajen el asiento, que cierren la tapa. Y para colmo, tengo que limpiarlo todo. Realmente es muy cansado mantener un baño limpio cuando hay un niño (o varios) usándolo.


4. Debes re-pensar tus estándares de ‘seguridad.’

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Está bien, no hay necesidad que nadie me mande al Servicio de Protección de Menores: no estoy hablando de dejar que tus hijos anden en coche sin usar cinturón o que los dejes jugar con un mechero. Pero piensa en esa madre que conoces (todos conocemos al menos una) que esteriliza el chupete y las tetinas de sus hijos religiosamente. La mamá que está siempre pendiente y que jadea audiblemente cuando su precioso copo de nieve se cae suavemente. ¿Conoces a ese tipo de mamá? Sí. No puedes ser ella cuando tienes un niño, porque los niños son bruscos. Saltan las cosas y se bajan de ellas, y se vuelven a subir y ruedan y se caen y se abalanzan y dan vueltas y corren. TODO EL TIEMPO. Prueban la tierra y la arena para gatos y el pegamento y el chicle endurecido que está debajo de los asientos del parque y las mesas de restauranes sólo por curiosidad. (Uno de mis hijos se comió un dulce que previamente había sido orinado). Intentan andar en sus bicicletas, motos y monopatines más rápido que ningún otro niño e intentan ganarles a todos saltando en los trampolines. ¿Y si tienes varios niños? Olvídalo. Hacen todo eso más pegarse y ocasionalmente tienen peleas de verdad donde se derriban y se arrastran.

Tan sólo preocúpate de tener tiritas a mano y mirar para otro lado durante un rato. Por tu propia salud.


5. No te debe sorprender el drama.

Quisiera tener un dólar por cada vez que alguien me dijo “Oh, que afortunada, los niños son mucho menos dramáticos que las niñas.” ¿De verdad? Porque mis hijos son lo más dramático que hay. Hay bastante pisoteo, rodar de ojos, sollozos, gritos, portazos e impertinencias en general en mi casa. No sé por que todos creen que los niños son naturalmente criaturas más tranquilas y agradables. Puede que sea porque los dramáticos arrebatos de mis hijos son sobre cosas ‘legítimas’, como cuando nos los dejo usar mis auriculares buenos o cuando tienen que usar el ‘jugador 2′ en la XBox. ¿Cierto? Hace no mucho, mi hijo de 8 años ‘odiaba totalmente esta casa y a todos sus hermanos’ después de que una competición de eructos escalara a niveles insospechados. Y después de tropezarse con su cordón del zapato, mi niño de guardería se tendió en el suelo y se lamentó entre lágrimas: “¡Este mundo es demasiado peligroso para alguien como yoooo!”

No dejes que nadie nunca te diga que tienes suerte porque los niños no son dramáticos. De verdad. Ni se lo imaginan.


6. Debes estar preparada para el desorden.

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A veces me vuelvo un poco loca cuando veo las condiciones en las que está mi casa. Pero a menos que te sea posible contratar una nana a tiempo completo, el desorden es algo con lo que tienes que aprender a lidiar. Y no estoy hablando solamente sobre el desorden de los juguetes. No importa cuán a menudo les grites y los amenaces y les digas, los niños no tienen mucha conciencia a la hora de dejar todo sucio con barro, césped o manchar todo con pasta de dientes; o tirar la leche y luego quizaaaas limpiarlo con la esquina del mantel. (¿Y el baño de los niños? Mira el número 3.) Los niños también dejarán mocos en las paredes y las alfombras y tirarán comida en todos lados como los cerdos que comen. Esto no se debe a una falta de instrucciones, créeme, siento que paso como el 75% de mis momentos despierta recordándoles mantener las cosas limpias y ordenadas. (Paso el otro 25% de mi tiempo limpiando todo el desorden que resulta cuando mis palabras les entran por un oído y les salen por el otro.)

Todo esto se ve intensificado si tienes más niños o con la visita de múltiples amigos. Lo que nos lleva al siguiente pre-requisito…


7. Debes tener mucha comida a mano todo el tiempo.

Al principio estaba engañada con esto. Cuando los niños son muy muy pequeños, no comen casi nada y piensas “¡Que felicidad que mis hijos no coman tanto!” Y luego llegan a la etapa en la que – dios santo – ¿acaba de inhalarse esos huevos revueltos? Mi pequeño y delgado hijo de 8 años puede comerse un desayuno para un adulto y aún así decir que tiene hambre. Y siempre quieren comer algo. Mi frigorífico se abre cada 5 minutos cuando los niños están en casa. (Y entre medio de esos 5 minutos, están revisando la despensa.) Gastamos suficiente dinero en el supermercado todos los meses como para hacerme sentir un poco mareada cuando vamos a pagar, y aun así, siempre nos falta. Estas pequeñas máquinas de comer son como un grupo de langostas hambrientas, y cuando uno tiene algo, todos quieren lo mismo. ¡No puedo esperar a que sean adolescentes!*

*Que se note el sarcasmo. Puedo esperar sin problemas.


8. Debes estar preparada para pasar por MUCHOS, MUCHOS PARES DE VAQUEROS.

He escrito varias entradas en mi blog sobre este mismo tema. Cuatro niños después y aún estoy totalmente anonadada de lo rápido que pueden arruinar un par de vaqueros que se ven resistentes. Se supone que el denim es una tela fuerte y puede incluso ser usada por los leñadores, pero parece que no  puede con los gateos, raspados, manchados y carreras de niños pequeños. Encuentro esto irónico porque…


9. Debes aceptar la desnudez.

No sé como mis hijos usan tantos pares de vaqueros porque no parece que los usen en casa. De hecho, parece que no usan nada en casa. En mi experiencia, desde el momento en que les es posible quitarse su propia ropa, lo harán. Mis hijos comienzan a sacarse la ropa en el instante en que llegan a casa del colegio. A veces se dan vueltas en la ropa interior, y a veces hasta se sacan la ropa interior también.

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Lo que me lleva a mi último consejo…


10. Debes acostumbrarte a “su cosa”

Estoy hablando de su pene. El pito. El pajarito. El tutututu, el pipí, la mercancía; o cualquiera sea el término que uses. Van a agarrarselo cada vez que puedan. (Revisa el número 9 para una estimación aproximada de cuantas oportunidades tendrán). Tu adorable pequeño estirará la mano para agarrárselo apenas le quites el pañal, y en mis nueves años de experiencia siendo la madre de niños, no se detiene después de eso. Lo tocarán, lo estirarán y lo moverán en cualquier lugar, en cualquier momento que puedan hacerlo. Lo harán en la bañera y mientras ven la televisión. Me he visto forzada a literalmente usar esta frase: “Deja de enrollar tu pene alrededor del tenedor.” Lo hacen de la misma manera en que otros se comen las uñas o juegan con sus pulgares: automáticamente, sin darse cuenta, inocentemente, frecuentemente. Después de un tiempo, ni siquiera lo notarás.

Probablemente estarás muy ocupada limpiando sus desordenes o comprando jeans nuevos.

 

 

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